Pero nadie podrá decir que no has querido,
que en tu corazón no habló la luna de sus noches.
Nadie habrá de negar que en tan solo un instante,
callaste la brisa que no me permitía oir
lo que tu alma me contaba...
Si el sol iluminó mis pasos alguna vez,
si mis temores quedaron flotando en nubes azules,
si mis ambiciones encontraron remanso,
lo he logrado en tus brazos, en tus manos.
Quizá no recueres todo lo que contaste de tí,
porque fueron muchas las mentiras que inventaste,
tan sólo para evitar que huyera del sendero,
que habías trazado con tus caricias.
Yo sí recordaré sin esfuerzo todo lo que me diste.
Recordaré los cuentos de sueños provocados.
Los bruscos saltos en una falda castigada por las travesuras.
Recordaré un billete que esperaba crecer,
enterrado en un jardín,
y los golpes que jamás pudiste darme.
Tu cuerpo, como el mío,
algún día habrá de olvidarse,
pero no habrá en mí lo que olvide tu recuerdo.
Siempre estará latente en lo que he dicho,
en cada uno de mis pensamientos.
Porque hoy estás aquí y estás conmigo,
y en este sólo soplo de recuerdo está latente,
como está latiendo hoy en nuestra vida,
lo poco que necesito saber para decirte,
lo mucho que te quiero... mamá.
(1984)